El rincón de las pausas compartidas
Acá la familia acordó dejar los teléfonos boca abajo durante veinte minutos después de almorzar. Al principio nadie sabía qué hacer con las manos. A la segunda semana ya había un mate, una revista vieja y alguien estirando el cuello sin que se lo pidieran. La foto muestra el desorden normal de ese momento: cuadernos, una planta que sobrevive de milagro y una silla que siempre queda torcida.